El año está comenzando. Buen momento de planificar. O sea, dejar salir esos deseos, aspiraciones y búsquedas siempre latentes y ponerlos de manera visible. Quiero hacer... conseguir... alcanzar... concretar... en fin, la lista puede ser larga. Total, después se ajusta a las posibilidades de tiempo, de dinero, de colaboradores hasta que se redondea una planificación de lo deseado y posible. Sin embargo, es frecuente olvidarnos de los llamados intangibles, como las emociones, por ejemplo. Estaría bueno preguntarse cómo me quiero sentir cuando logre tal cosa. O qué virtudes voy a desarrollar consiguiendo tal otra.

En esas reflexiones estábamos con un grupo de amigos cuando decidimos expresar un pedido. Pedir, para este año que se inicia, aquello que nos parece más importante. Y surgieron temas más que interesantes. Paz interior, bondad, alegría y coherencia fueron algunas de las palabras pronunciadas. Humildad y agradecimiento fueron otras. Comprensión, contención y ayuda entre los amigos figuró entre los pedidos. Abrir el corazón y cuidar a los demás se dijo también. Alguien habló de la necesidad de desarrollar la libertad interna. Y otros mencionaron la importancia de confiar en nosotros mismos y en el proceso de la vida. Lo que era igual en cada miembro del grupo era la convicción de que, pudiendo lograr tales actitudes -o valores o virtudes o características, no importa tanto el nombre- cualquier listado de cosas por hacer en este 2013 tenía garantizado su cumplimiento.